9 de mayo de 2013


Certificación energética de los edificios.

El pasado 5 de abril se aprobó el Real Decreto 235/2013 por el que se aprueba el procedimiento básico para la certificación energética de los edificios. En realidad es la actualización de un decreto del  2007, que había empezado a aplicarse en la práctica muy recientemente. Trata sobre la calificación de los edificios en función de su consumo energético durante su uso (en realidad se tiene en cuenta la emisión de CO2 que supone el consumo de los combustibles utilizados en el edificio). Es la conocida etiqueta energética, que aparece en los electrodomésticos,  ésa de colores y letras, pero que normalmente no vemos en los edificios (yo no he visto ninguna todavía). Esto es por que cuando empezó a ser obligatorio esta certificación energética, la crisis no permitió la construcción de muchos edificios. 
Datos para la etiqueta  energética de una vivienda unifamiliar

La verdadera novedad del decreto, que ahora actualiza la certificación energética, es que además de ajustar algunos aspectos del decreto anterior en referencia a los edificios nuevos, incorpora la obligatoriedad de que a la hora de vender o alquilar algún edificio, se deberá entregar o mostrar el certificado de eficiencia energética del mismo al comprador o al arrendador. Es decir, que si alguien quiere alquilar o vender un edificio (o una vivienda), deberá solicitar esta certificación a algún técnico y registrarla en el departamento autonómico correspondiente. Por lo tanto, es posible que empecemos a ver alguna de las etiquetas energéticas de los edificios.
Esta obligación afecta a las ventas o alquileres a partir del 1 de junio del 2013.
Para poder determinar la calificación de un edificio existente, el decreto establece que van a poner al servicio del público, los programas informáticos de calificación de eficiencia energética para edificios existentes.
Hasta el momento, para determinar la calificación energética de los edificios, existían dos sistemas: la opción general a través del programa Calener, y una opción simplificada que se podía resolver "a mano" o utilizando algunos programas informáticos que lo facilitaban. En cualquiera de los dos casos, para obtener la calificación, se tenían en cuenta la demanda energética de los edificios, que viene dada por la situación, distribución y orientación de las distintas estancias del edificio, y los materiales con los que se construían los cerramientos (fachadas, cubiertas, separación con el terreno); y la manera en que se conseguía el confort dentro de los mismos, es decir, las instalaciones de calefacción, climatización y agua caliente que se incorporaban al edificio (especialmente el combustible utilizado). Se obtenía una calificación en función de como se proyectaban los edificios. Esta calificación se decidía, según los materiales y las instalaciones que se incorporaban en el proyecto arquitectónico y constructivo de edificio. Se podían controlar las características técnicas de los materiales utilizados, y según estos determinar estrictamente la demanda energética de los edificios, la cantidad de combustible necesario para su calefacción y climatización, y en definitiva la cantidad de CO2 que se emitía con un uso normal del mismo.
Pero ahora, para la calificación de edificios ya existentes, ya no podemos definir los materiales que se utilizan en el edificio, ni las instalaciones que se incorporan, la calificación se hace con un edificio en funcionamiento, y sobre la que no tenemos ninguna capacidad de decisión. No tenemos ningún control sobre las características de los materiales empleados en los cerramientos, y poca seguridad (dependiendo de su antigüedad) sobre las instalaciones utilizadas. Pero por otro lado podemos saber realmente el consumo de energía del edificio. El problema es que este consumo depende de los usos y costumbres de los usuarios, lo que hace que no sea comparable a otros edificios habitados por otros usuarios, por lo que no nos sirven para calificar el edificio.
El propio decreto indica que el ministerio competente, y antes de la obligación de calificar edificios existentes, pondrá a disposición del público programas informáticos de calificación energética de edificios existentes. De hecho, ya hay un programa informático, CE3X, que está recogido como documento reconocido (es decir que es válido para la certificación de la eficiencia energética, que se ocupa de los edificios existentes). Lo hace de forma simplificada, suponiendo comportamientos térmicos de cerramientos en función de sus características constructivas y sus antigüedades (se pueden introducir sus datos de transmisión de calor si se conocen exactamente), y del consumo energético según las características de las instalaciones (también se pueden introducir datos si se tienen).
Además avanza distintas posibilidades de mejora de la calificación, al introducir cambios en el edificio: mejora de los cerramientos (introducir nuevos aislamientos, o cambiar ventanas), o sustituyendo sistemas de calefacción o de producción de agua caliente, o partes de ésta (la caldera, por ejemplo), y hace una simulación de sus coste y plazo de amortización de éstos. Esto es lo más interesante que avanza el programa. Habrá que esperar a que se disponga de algún otro programa oficial para la calificación de la eficiencia energética de los edificios existentes.


Certificación enerxética dos edificios.

O pasado 5 de abril aprobouse o Real Decreto 235/2013 polo que se aproba o procedemento básico para a certificación enerxética dos edificios. En realidade é a actualización dun decreto do 2007, que empezara a aplicarse na práctica moi recentemente. Trata sobre a calificación dos edificios en función do consumo enerxético durante o seu uso (en realidade tense en conta a emisión de CO2 que supón o consumo dos combustibles utilizados no edificio). É a coñecida etiqueta enerxética, que aparece nos electrodomésticos, esa de cores e letras, pero que normalmente non vemos nos edificios (eu non vin ningunha aínda). Isto é porque cando empezou a ser obrigatoria esta certificación enerxética, a crise non permitiu a construción de moitos edificios.
A verdadeira novidade do decreto, que agora actualiza a certificación enerxética, é que ademais de axustar algúns aspectos do decreto anterior en referencia aos edificios novos, incorpora a obrigatoriedade de que á hora de vender ou alugar algún edificio, se deberá entregar ou mostrar o certificado de eficiencia enerxética deste ao comprador ou ao arrendador. É dicir que se alguén quere alugar ou vender un edificio (ou unha vivenda), deberá solicitar esta certificación a algún técnico e rexistrala no departamento autonómico correspondente. Polo tanto, é posible que empecemos a ver algunha das etiquetas enerxéticas dos edificios.
Esta obriga afecta ás vendas ou alugueres a partir do 1 de xuño do 2013.
Para poder determinar a cualificación dun edificio existente, o decreto establece que van poñer ao servizo do público, os programas informáticos de cualificación de eficiencia enerxética para edificios existentes.
Ata o momento, para determinar a cualificación enerxética dos edificios, existían dous sistemas: a opción xeral a través do programa Calener, e unha opción simplificada que se podía resolver "a man" ou utilizando algúns programas informáticos que o facilitaban. En calquera dos dous casos, para obter a cualificación, se tiñan en conta a demanda enerxética dos edificios, que vén dada pola situación, distribución e orientación das distintas estanzas do edificio, e os materiais cos que se construían os cerramentos (fachadas, cubertas, separación co terreo); e o xeito de conseguir o confort dentro destes, é dicir as instalacións de calefacción, climatización e auga quente que se incorporaban ao edificio (especialmente o combustible utilizado). Obtíñase unha cualificación en función de como se proxectaban os edificios. Esta cualificación decidíase, segundo os materiais e as instalacións que se incorporaban no proxecto arquitectónico e construtivo de edificio. Podíanse controlar as características técnicas dos materiais utilizados, e segundo estes determinar estritamente a demanda enerxética dos edificios, a cantidade de combustible necesario para a súa calefacción e climatización, e en definitiva a cantidade de CO2 que se emitía co seu uso normal.
Pero agora, para a cualificación de edificio xa existentes, xa non podemos definir os materiais que se utilizan no edificio, nin as instalacións que se incorporan, a cualificación faise cun edificio en funcionamento, e sobre a que non temos ningunha capacidade de decisión. Non temos ningún control sobre as características dos materiais empregados nos cerramentos, e pouca seguridade (dependendo da súa antigüidade) sobre as instalacións utilizadas. Pero por outro lado podemos saber realmente o consumo de enerxía do edificio. O problema é que este consumo depende dos usos e costumes dos usuarios, o que fai que non sexa comparable a outros edificios habitados por outros usuarios, polo que non nos serven para cualificar o edificio.
O propio decreto indica que o ministerio competente, e antes da obriga de cualificar edificios existentes, porá a disposición do público, programa informáticos de cualificación enerxética de edificios existentes. De feito, xa hai un programa informático, CE3X que está recollido como documento recoñecido,(é dicir que é valido para a certificación da eficiencia enerxética, que se ocupa dos edificios existentes). Faino de forma simplificada, supoñendo comportamentos térmicos de cerramentos en función das súas características construtivas e as súas antigüidades (pódense introducir os seus datos de transmisión de calor se se coñecen exactamente), e do consumo enerxético segundo as características das instalacións (tamén se poden introducir datos se se teñen)
Ademais avanza distintas posibilidades de mellora da cualificación, ao introducir cambios no edificio: mellora dos cerramentos (introducir novos illamentos, ou cambiar ventás), ou substituíndo sistemas de calefacción ou de produción de auga quente, ou partes desta (a caldeira, por exemplo), e fai unha simulación dos seus custo e prazo de amortización destes. Isto é o máis interesante que avanza o programa. Haberá que esperar a que se dispoña dalgún outro programa oficial ou reconocido, para a cualificación da eficiencia enerxética dos edificios existentes.

2 de abril de 2012

La bioconstrución.
En los últimos años, aunque más de los que puede parecer a simple vista, se han ido difundiendo los términos “casa sana” y “bioconstrucción” (del alemán baubiologie), para dar respuesta a una aspiración que iba creciendo, por vivir en ambientes sanos y agradables.(en Alemania ya en los años 70 se creó un grupo de trabajo para una construcción sana y una vivienda sana; y desde los años 80. el IBN-Instituto para la bioconstrucción imparte un curso de bioconstrución).
Todo esto surge como reacción a la evolución que desde mediados del siglo XX ha sufrido los sistemas y materiales de construcción. La industrialización efectuada en el mundo en todos los campos, llega a la construcción, y materiales cercanos y naturales, usados desde siempre, son substituidos por otros aportados por industrias lejanas, pensados según los criterios de la facilidad de producción, la construcción masiva y su expansión geográfica independientemente de las condiciones de los distintos lugares. De esta manera, entramos en contacto directo, en nuestras casas, con materiales sintéticos, tecnologías nuevas, sin tener en cuenta su influencia sobre nuestro organismo, y sin tiempo para adaptarnos a los mismos. Las consecuencias de todo esto aún no está claramente difundido, aunque hay ejemplos de materiales que han ocupado muchas investigaciones e incluso sentencias judiciales (fibrocemento con asbestos, etc), y en otros materiales es cuestión de tiempo.
La bioconstrucción, podemos decir que pretende crear un entorno sano, que facilite la vida, mediante el empleo de materiales naturales que mantienen un ambiente interior saludable, que además no perjudiquen al planeta, en su proceso de producción, uso mantenimiento y desecho, es decir, en todo su ciclo de vida. Por encima del término más reducido de “casa sana”, la bioconstrucción habla no solo de la salud de los usuarios de los edificios, de la salubridad del entorno edificado inmediato, sino también de la salud del planeta (sostenibilidad?), del ahorro de recursos y de energía (arquitectura bioclimática) y en definitiva de las posibilidades para el desarrollo y felicidad del hombre a través de la construcción. Es decir, el término bioconstrucción habla de recuperar la arquitectura, de lo que ya hemos hablado en un apunte anterior. Detrás de la bioconstrucción, hay un montón de especialidades, como la geobiología, la electrobiología, el bioclimatismo, etc. (ya profundizaremos en cada una en otros apuntes).
La bioconstrucción está normalmente ligada a la autoconstrucción, a la vuelta a la tierra, al autoconsumo, y se la relaciona con gente un poco fuera del sistema (en contra de los derroteros que está tomando el desarrollo económico actualmente), pero creo, que no se debe ver como una vuelta al pasado, sino exactamente al revés, como la respuesta necesaria a los problemas de la construcción actual, para avanzar y progresar. La bioconstrucción por tanto, no debe hacernos volver a las cavernas, pero si nos debe ayudar a pensar de otra manera, con otros criterios, y replantearnos la forma en que estamos construyendo ahora.
La industria de la construcción podría incorporar, en el momento de plantear nuevos productos, un cambio de los criterios, incorporando valores nuevos, no so técnicos y económicos: que los materiales sean de fácil obtención, que se realice mediante procesos productivos sencillos (con el menor coste energético posible y la menor producción de residuos), Que los materiales no desprendan substancias nocivas para el ser humano, y que al final de sus días (en la demolición o modificación de los edificios) no supongan un residuo peligroso para su eliminación, es decir que sean fácilmente reutilizables, reciclables y biodegradables. Hay que pensar en los materiales desde que se obtienen sus materias primas, hasta que dejan de ser utilizados y se eliminan, analizando como responden en cada fase, la energía que consumen en cada momento, y el impacto para el planeta y los usuarios (esto se denomina análisis de ciclo de vida)
Los arquitectos y demás técnicos que intervienen en la planificación de la construcción, podríamos pensar en la influencia que cada material, cada sistema constructivo, y cada tecnología aplicada, tienen en el organismo humano y en el planeta. Desde estos criterios, podemos adoptar soluciones adaptadas a cada entorno y para cada necesidad, que no supongan un peligro para nadie.
Todo lo que se puede mejorar cuando construimos o rehabilitamos un edificio, pensando en la salud de los usuarios, pensando en el ahorro energético, y pensando en el impacto sobre el planeta, será un importante paso adelante. Todo lo que hagamos con estos criterios, será un avance: No es necesario que todo sea perfecto, y que todos los materiales sean los óptimos, pero si elegir la mejor de las opciones posibles a un coste razonable.

A Bioconstrución.
Nos últimos anos, aínda que máis dos que pode parecer a simple vista, se foron difundindo os termos "casa sa" e "bioconstrucción" (do alemán baubiologie), para dar resposta a unha aspiración que ía crecendo, por vivir en ambientes sans e agradables.(en Alemaña xa nos anos 70 se creou un grupo de traballo para unha construción sa e unha vivenda sa; e dende os anos 80. o IBN-Instituto para a bioconstrucción imparte un curso de bioconstrución).
Todo isto xorde como reacción á evolución que dende mediados do século XX sufriu os sistemas e materiais de construción. A industrialización efectuada no mundo en todos os campos, chega á construción, e materiais próximos e naturais, usados dende sempre, son substituídos por outros achegados por industrias afastadas, pensados segundo os criterios da facilidade de produción, a construción masiva e a súa expansión xeográfica independentemente das condicións dos distintos lugares. Deste xeito, entramos en contacto directo, nas nosas casas, con materiais sintéticos, tecnoloxías novas, sen ter en conta a súa influencia sobre o noso organismo, e sen tempo para adaptarnos a estes. As consecuencias de todo isto aínda non está claramente difundido, aínda que hai exemplos de materiais que ocuparon moitas investigacións e mesmo sentenzas xudiciais (fibrocemento con asbestos, etc), e noutros materiais é cuestión de tempo.
A bioconstrucción, podemos dicir que pretende crear un ámbito san, que facilite a vida, mediante o emprego de materiais naturais que manteñen un ambiente interior saudable, que ademais non prexudiquen ao planeta, no seu proceso de produción, uso mantemento e escoura, é dicir, en todo o seu ciclo de vida. Por riba do término máis reducido de "casa sa", a bioconstrucción fala non solo da saúde dos usuarios dos edificios, da salubridade do ámbito edificado inmediato, senón tamén da saúde do planeta (sostenibilidad?), do aforro de recursos e de enerxía (arquitectura bioclimática) e en definitiva das posibilidades para o desenvolvemento e felicidade do home a través da construción. É dicir, o término bioconstrucción fala de recuperar a arquitectura, do que xa falamos nun apuntamento anterior. Detrás da bioconstrucción, hai un montón de especialidades, como a geobiología, a electrobiología, o bioclimatismo, etc. (xa afondaremos en cada unha noutros apuntamentos).
A bioconstrucción está normalmente ligada á autoconstrución, a vólta á terra, ao autoconsumo, e relaciónalla con xente un pouco fóra do sistema (en contra dos rumbos que está a tomar o desenvolvemento económico actualmente), pero creo que non se debe ver como unha volta ao pasado, senón exactamente ao revés, como a resposta necesaria aos problemas da construción actual, para avanzar e progresar. A bioconstrucción polo tanto, non debe facernos volver ás cavernas, pero se nos debe axudar a pensar doutro xeito, con outros criterios, e reformularnos a forma en que estamos a construír agora.
A industria da construción podería incorporar, no momento de formular novos produtos, un cambio dos criterios, incorporando valores novos, non so técnicos e económicos: que os materiais sexan de doada obtención, que se realice mediante procesos produtivos sinxelos (co menor custo enerxético posible e a menor produción de residuos), Que os materiais non desprendan substancias nocivas para o ser humano, e que ao final dos seus días (na demolición ou modificación dos edificios) non supoñan un residuo perigoso para a súa eliminación, é dicir que sexan doadamente reutilizables, reciclables e biodegradables. Hai que pensar nos materiais dende que se obteñen as súas materias primas, ata que deixan de ser utilizados e se eliminan, analizando como responden en cada fase, a enerxía que consumen en cada momento, e o impacto para o planeta e os usuarios (isto denomínase análisis de ciclo de vida)
Os arquitectos e demais técnicos que interveñen na planificación da construción, poderiamos pensar na influencia que cada material, cada sistema construtivo, e cada tecnoloxía aplicada, teñen no organismo humano e no planeta. Dende estes criterios, podemos adoptar solucións adaptadas a cada ámbito e para cada necesidade, que non supoñan un perigo para ninguén.
Todo o que se pode mellorar cando construímos ou rehabilitamos un edificio, pensando na saúde dos usuarios, pensando no aforro enerxético, e pensando no impacto sobre o planeta, será un importante paso adiante. Todo o que fagamos con estes criterios, será un avance: Non é necesario que todo sexa perfecto, e que todos os materiais sexan os óptimos, pero se elixir a mellor das opcións posibles a un custo razoable.


10 de enero de 2012

Arquitectura Bioclimática.

En realidad el título de este apunte, es redundante, por que la arquitectura o es bioclimática, o no es arquitectura (ver apunte de diciembre 2011).

Así, que de lo que voy a hablar hoy, es de cómo se debería pensar la arquitectura y no de , como parece por el título, en qué consiste la arquitectura bioclimática.

Lo primero que se debe hacer cuando pensamos en hacer arquitectura (obtener espacios saludables y confortables), es elegir bien el sitio; tiene más que ver con la arquitectura elegir bien el lugar donde sentarse a comer el bocadillo por el campo, que la construcción de muchos grandes edificios (esta frase tan esclarecedora no es mía, es de Rafael Serra, de su libro “Arquitectura y climas”). Por desgracia es muy poco probable poder elegir el lugar, pero en ese caso tendremos mucho más fácil conseguir lo que nos proponemos y con un menor coste energético.

En caso contrario, lo que debemos hacer es conocer lo mejor posible las condiciones del lugar. En principio el clima general del lugar, y en concreto las condiciones microclimáticas, que dependen de la forma del territorio circundante (la topografía: si estamos en un llano, a media ladera, en lo alto…) y de los elementos que nos rodean (edificios, vegetación,…). Conociendo todo esto, podremos obtener del entorno lo mejor, y protegernos de las condiciones desfavorables.

En este sentido lo primero en lo que se debe pensar, es en el diseño global de la edificación para aprovechar al máximo la energía que se recibe directamente del sol. Y la primera decisión es la orientación que nos interesa, de manera que se favorezca la captación de la radiación solar en los momentos en que nos hace falta calor, y que nos proteja de ella en los momentos en que no es necesaria (como estamos en un clima templado, el edificio debe responder a condiciones cambiantes: a veces hace calor, a veces hace frío).

Las fachadas orientadas al sur (en el hemisferio norte, claro está) reciben en invierno la mayor parte de la radiación que llega al edificio. Además por la altura a que llega el sol sobre el horizonte en esta época del año, los rayos alcanzan a través de las ventanas, hasta lo más profundo de las estancias con el consiguiente calentamiento de éstas. Tenemos la suerte de que la energía que aportan estos rayos en el interior, queda atrapada como en una jaula por el efecto invernadero que se produce por la existencia de cristales en las ventanas. Es fácil pensar entonces que el número, la dimensión y la forma de las ventanas juega un papel importante en la captación de energía y que deben responder a las necesidades de cada uso en cada sitio.

En esta misma orientación sur, en verano, dada la inclinación de los rayos del sol por su altura al mediodía, la fachada no recibe tanta radiación como las que estan orientadas al oeste y al este, que reciben los rayos durante gran parte del día, y solo un poco más que las fachadas orientadas al norte. El diseño arquitectónico, en cualquier caso, puede proteger las ventanas orientadas al sur muy fácilmente, situando pequeños aleros horizontales, u otros elementos; o mejor aún, incorporando vegetación delante de las ventanas con especies de hoja caduca, que vuelven a dejar pasar el sol en invierno, cuando lo necesitamos (un emparrado en la fachadas sur del edificio, es un magnifico invento).

En algunas condiciones y en climas no muy severos (como en la mayor parte del litoral de Galicia), puede ser suficiente, para mantener una temperatura de confort en el interior, orientar bien el edificio, sin incorporar ningún tipo de sistema de climatización. En cualquier caso, se podrá reducir en gran medida el empleo de energía para conseguir una temperatura confortable.

Además, cuando las exigencias son mayores, se pueden utilizar un montón de sistemas, como galerías-invernaderos, muros con pequeñas cámaras acristaladas exteriormente (muro trombe), lucernarios inclinados en cubierta, y otros. Estos sistemas lo que hacen es captar los rayos del sol, evitando después que la energía aportada por ellos se escape. En otro apunte intentaré explicara como funcionan estos sistemas

Pero también podemos pensar en otras cosas, además de captar toda la energía posible del sol, cuando la necesitamos, y de protegernos de sus rayos, cuando no queremos calor. Además podemos incorporar estrategias para la conservación del calor que aporta el sol, como el aislamiento de los muros y la cubierta , y la utilización de elementos de gran inercia térmica, que puedan almacenar el calor aportado durante las horas y días de sol, e irlo cediendo las horas nocturnas y los días con poco aporte solar. Tanto el aislamiento, como la utilización de elementos de inercia térmica, son útiles también para protegernos del calor excesivo en los meses de verano. Podemos, con inercia térmica, retrasar la entrada del calor en el interior, hasta la noche, en la que dejamos entrar aire más fresco a través de los huecos, para evacuar el calor acumulado.

Hasta ahora no he mencionado nada de paneles solares, o de otras formas de energía renovable, que es lo que primero se relaciona con lo que llamamos arquitectura bioclimática. De eso, ya hablaremos en otro momento.

Todo lo que hemos comentado en este apunte, en realidad no suponen incrementar el coste de la edificación. Sí que supone un mayor esfuerzo de planificación, y sobre todo requiere pensar un poco más en cómo podemos hacer nuestros edificios. En cualquier caso supondrá un ahorro en el uso del edificio, y una mejora en las condiciones de confort interior.



Arquitectura Bioclimática.


En realidade o título deste apuntamento, é redundante, por que a arquitectura ou é bioclimática, ou non é arquitectura (ver apuntamento de decembro 2011).

Así, que do que vou falar hoxe, é de como se debería pensar a arquitectura e non, como parece polo titulo, de en que consiste a arquitectura bioclimática.

O primeiro que se debe facer cando pensamos en facer arquitectura (obter espazos saudables e confortables), é elixir ben o sitio; ten máis que ver coa arquitectura elixir ben o lugar onde sentar a comer o bocadillo polo campo, que a construción de moitos grandes edificios (esta frase tan esclarecedora non é miña, é de Rafael Serra, do seu libro “Arquitectura e climas”). Por desgraza é moi pouco probable poder elixir o lugar, pero nese caso teremos moito máis doado conseguir o que nos propoñemos e cun menor custo enerxético.

No caso contrario, o que debemos facer é coñecer o mellor posible as condicións do lugar. En principio o clima xeral do lugar, e en concreto as condicións microclimáticas, que dependen da forma do territorio circundante (a topografía: se estamos nun chairo, a media aba, no alto, ...) e dos elementos que nos rodean (edificios, vexetación...). Coñecendo todo isto, poderemos obter do ámbito o mellor, e protexernos das condicións desfavorables.

Neste senso o primeiro que se debe pensar, é o deseño global da edificación para aproveitar ao máximo a enerxía que se recibe directamente do sol. E a primeira decisión é a orientación que nos interesa, de maneira que favoreza a captación da radiación solar nos momentos en que nos fai falta calor, e que nos momentos en que non é necesario nos protexa dela. (como estamos nun clima temperado, o edificio debe responder a condicións cambiantes: ás veces fai calor, ás veces fai frío).



As fachadas orientadas ao sur (no hemisferio norte, claro está) reciben en inverno a meirande parte da radiación que chega ao edificio. Ademais pola altura a que chega o sol sobre o horizonte nesta época do ano, os raios alcanzan a través das ventás, ata o máis profundo das estanzas co conseguinte quentamento destas. Temos a sorte de que a enerxía que achegan estes raios no interior, queda atrapada como nunha gaiola polo efecto invernadoiro que se produce pola existencia de vidros nas ventás. É doado pensar entón que o número, a dimensión e a forma das ventás xoga un papel importante na captación de enerxía, e que deben responder ás necesidades de cada uso para cada sitio.


Nesta mesma orientación sur, en verán, dada a inclinación dos raios do sol pola súa altura ao mediodía, non recibe tanta radiación solar como as orientadas ao oeste e ao leste, que reciben os raios durante grande parte do día, e só un pouco máis que as fachadas orientadas ao norte. O deseño arquitectónico, en calquera caso, pode protexer as ventás orientadas ao sur moi doadamente, situando pequenos aleiro horizontais, ou outros elementos; ou mellor aínda, incorporando vexetación diante das fiestras con especies de folla caduca, que volven deixar pasar o sol en inverno, cando o necesitamos (un emparrado na fachada sur do edificio, é un magnifico invento).


Nalgunhas condicións e en climas non moi severos (como na maior parte do litoral de Galicia), pode ser suficiente, para manter unha temperatura de confort no interior, orientar ben o edificio, sen incorporar ningún tipo de sistema de climatización. É en calquera caso, poderáse reducir en boa medida o euso de enerxía para conseguir unha temperatura confortable.


Ademais, cando as esixencias son maiores, pódense utilizar un montón de sistemas, como galerías-invernadoiros, muros con pequenas cámaras vidradas exteriormente (muro trombe), lucernarios inclinados na cuberta, e outros. Estes sistemas o que fan é captar os raios do sol, evitando despois que a enerxía achegada por eles se escape. Noutro apuntamento intentarei explicar como funcionan estes sistemas.


Pero tamén podemos pensar noutras cousas, ademais de captar toda a enerxía posible do sol, cando a necesitamos, e de protexernos dos seus raios, cando non queremos calor. Tamén se poden incorporar estratexias para a conservación do calor que achega do sol, como o illamento dos muros e da cuberta, e a utilización de elementos de grande inercia térmica, que poidan almacenar o calor achegada durante as horas e días de sol, e ilo cedendo nas horas nocturnas e os días con pouco achega solar. Tanto o illamento, como a utilización de elementos de inercia térmica, tamén son útiles para protexernos do calor excesivo nos meses de verán. Podemos, con inercia térmica, atrasar a entrada do calor no interior, ata a noite, na que deixamos entrar aire máis fresco, a través das fiestras, e evacuar así o calor acumulado.


Ata o de agora non mencionei nada de paneis solares, ou doutras formas de enerxía renovables, que é o que primeiro que se relacióna co que chamamos arquitectura bioclimática. Diso, xa falaremos noutro momento.


Todo o que temos comentado neste apuntamento, en realidade no supón incrementar o custo da edificación. Si supón un maior esforzo de planificación. E sobre todo require pensar un pouco máis en como podemos facer os nosos edificios. En calquera caso suporá un aforro no uso do edificio, e unha mellora nas condicións de confort interior.